Si tuviera el vicio
del tabaco este sería el momento ideal para hacer un paréntesis. Darle
cualquier pretexto al jefe para salir de la oficina y sus rutinarias
actividades, sentarme a la sombra de un árbol y encender un cigarrillo.
Disfrutar en cada fumada la pronta, prontísima acción de la nicotina en mi
sistema nervioso y relajarme con las bocanadas de humo. Esparcir las cenizas en
el pasto y jugar, confabulado con el aire, a pintar el tabaco: de café a rojo,
de rojo a negro, y de negro a gris.
Si tuviera el vicio
del tabaco me estaría “fumando el momento”, en lugar de negarle a los informes,
oficios y memorándums que no les puedo prestar atención porque tu recuerdo
ocupa mi mente.
Si tuviera el vicio
del tabaco te estaría fumando en este momento.