Al parecer luego de
hacer mucha desidia, por fin se decidió. No la culpo, quizá hasta la admiro un
poco; y es que decidirse a no estar solo no es algo sencillo. Hay que tener
agallas para enfrentar cara a cara a la propia soledad –con ese rostro tan
seductor- y determinarse tajantemente a darle la espalda.
Después de engendrar
tantas soledades por fin la soledad se quedó sola, se hizo frente a sí misma y
ahora todos conocemos lo ocurrido…
Lo único que me resta es hacer un minuto de silencio por la
soledad.